| Papamoscas cerrojillo |
Durante las épocas de migración hay días en los que un lugar que conocemos perfectamente parece haber cambiado de repente. En un parque, un pequeño bosque o una zona de matorral donde normalmente encontramos las especies habituales pueden aparecer mosquiteros, currucas, papamoscas, colirrojos y otros pájaros que apenas vemos durante el resto del año. Algunos permanecerán allí varios días, mientras que otros habrán desaparecido a la mañana siguiente.
Lo que estamos observando es uno de los fenómenos más interesantes de la migración de las aves: la sedimentación de migrantes.
Migrar también significa detenerse
La migración no consiste simplemente en volar desde las zonas de reproducción hasta las áreas de invernada. Para muchas especies es un viaje de miles de kilómetros dividido en diferentes etapas, durante las cuales necesitan encontrar lugares donde descansar y, sobre todo, recuperar la energía consumida.
Muchas pequeñas aves migratorias realizan buena parte de estos desplazamientos durante la noche. Cuando llega el amanecer descienden y buscan un hábitat adecuado en el que pasar unas horas o varios días antes de continuar. Un bosque de ribera, un parque, una zona de matorral, un humedal o incluso una pequeña arboleda aislada pueden convertirse entonces en una auténtica área de descanso para numerosos viajeros.
Durante su estancia, las aves dedican buena parte del tiempo a alimentarse. Los insectívoros buscan pequeños invertebrados entre las hojas, ramas y arbustos, mientras que otras especies aprovechan los frutos disponibles. Recuperar reservas es fundamental, porque quizá esa misma noche tengan que volver a recorrer cientos de kilómetros.
| Papamoscas gris |
¿Por qué algunos días encontramos muchos más migrantes?
La cantidad de aves sedimentadas puede variar enormemente de un día para otro. La intensidad del paso migratorio, la disponibilidad de alimento y, especialmente, las condiciones meteorológicas influyen en cuándo y dónde deciden detenerse.
El viento, la lluvia, las tormentas o el paso de un frente pueden dificultar la migración y provocar que numerosas aves interrumpan el vuelo. Si esto sucede durante una noche de fuerte movimiento migratorio, al amanecer pueden concentrarse muchos individuos en determinados puntos. Es lo que entre los observadores de aves suele conocerse como una "caída" de migrantes.
Por eso un lugar aparentemente tranquilo puede ofrecer una sorpresa enorme después de una noche determinada. Quizá ayer apenas había movimiento y hoy los arbustos están llenos de currucas y mosquiteros, mientras varios papamoscas cazan insectos desde las ramas y algún colirrojo aparece donde normalmente nunca lo vemos. Al día siguiente, buena parte de ellos puede haber continuado su viaje.
| Colirrojo real |
Algunos lugares funcionan como auténticas áreas de servicio
No todos los hábitats tienen el mismo valor durante una migración. Las aves buscan principalmente dos cosas: alimento y refugio, pero también influye mucho dónde se encuentra ese hábitat.
Una pequeña zona arbolada rodeada de campos abiertos puede concentrar muchos más migrantes que un bosque enorme situado en una región cubierta completamente de árboles. Para un pájaro que acaba de realizar un largo vuelo, ese pequeño espacio verde puede ser simplemente el primer lugar adecuado que encuentra.
Esto resulta especialmente evidente cerca de la costa, en islas, desembocaduras de ríos, humedales y pequeños bosques litorales. Después de atravesar grandes extensiones de terreno poco favorable o incluso el mar, estos lugares pueden convertirse en puntos fundamentales para descansar y recuperar fuerzas.
Precisamente por eso algunas zonas relativamente pequeñas pueden tener una importancia enorme para la conservación de las aves migratorias.
| Curruca carrasqueña |
Septiembre, un excelente momento para observarlo
El fenómeno puede producirse tanto durante la migración de primavera como durante la de finales de verano y otoño, pero septiembre es un buen mes para observar la migración de aves en la Península Ibérica.
Durante estas semanas están en movimiento millones de aves que abandonan sus zonas de reproducción europeas y se dirigen hacia el sur. Entre ellas encontramos mosquiteros, currucas, papamoscas, colirrojos, collalbas y muchas otras especies, además de numerosos jóvenes nacidos durante la primavera y el verano.
Para quien observa aves, esta época tiene algo especial: un mismo recorrido puede ser completamente diferente con apenas veinticuatro horas de diferencia. Visitar regularmente un parque, un bosque, una rambla o cualquier otro lugar que conozcamos bien es una de las mejores maneras de detectar estas llegadas.
Además, no siempre hace falta desplazarse a un gran espacio natural. Durante una buena sedimentación, un parque urbano o unas pocas hectáreas de vegetación pueden ofrecer observaciones extraordinarias.